viernes, 2 de febrero de 2007

EL ESTADO (apuntes preliminares para un ensayo definitivo)

Primero, debemos dar una definición mínima de lo que es Estado, para posteriormente verificar su status ontológico, es decir, su naturaleza. El Estado es en primer lugar, la organización de la fuerza de los grupos hegemónicos, es decir, dominantes, dentro de la sociedad. Antonio Gramsci, asumía que la distinción entre lo público y lo privado es una distinción propia del derecho burgués, y es válida en los dominios en los cuales el derecho burgués ejerce su poder. En cuanto existe tal derecho, hay distinción entre lo público y lo privado, la cual deriva del derecho real romano, entre las cosas comerciables (res in commercio), que podían ser objeto de relaciones patrimoniales, esto es, entrar en el tráfico legal de bienes y servicios y las cosas incomerciables (res extra commercium), que están vedadas para cualquier tipo de actividad patrimonial.
Tal como anteriormente indicábamos, existe dentro de la sociedad el poder como un tipo especial de relación humana caracterizada por la dirección de los comportamientos de los otros y que no consiste en mera fuerza, y escarmiento, sino que también en una dirección cultural de sus miembros, en pos de la consecución de determinados fines. Cuando tal hegemonía (dirección cultural y por ende conductual) se traduce en monopolio de la fuerza, tenemos al Estado. Pero no solo es el gobierno, entendido como institución, el único ente que ejerce dicha dirección, así como tampoco éste se sostiene por sí solo. La sociedad civil, es decir, las diversas relaciones sociales entre particulares, es la base sobre la cual se establece un régimen político. En otras palabras, existe un ejercito no para defender al Estado de por sí, lo cual niega cualquier posibilidad de autarquía política del Estado, sino que existe para defender ciertas prácticas, situaciones, relaciones y posiciones que se desenvuelven en la sociedad civil. Es una herramienta, es decir, un medio, que está al servicio de ciertos grupos con influencia dentro de la sociedad. El Estado será un instrumento que se atribuye el monopolio de la fuerza y tal fuerza o coerción, estará al servicio de los grupos sociales dominantes. El Estado no es neutral, no es un arbitrio de los intereses existentes en la sociedad, sino en cambio, una entidad al servicio de grupos reales, que concretizan su dominio por medio de la hegemonía en la superestructura política, jurídica e ideológica.
El Estado está en el mundo, no es una entidad que se halle en la dimensión de-óntica, sino en cambio, en la del ser. Su material, es básicamente humano, burocracia, autoridades, ejército, policía, legisladores y jueces. Sin embargo, es perentorio que tales personas actúen en el ejercicio de sus funciones de manera estandarizada, es decir, con usos objetivados, reconocidos socialmente como propios del actuar estatal. Si tales conductas no fueran estandarizadas, no sería posible la dirección política de la sociedad de manera organizada, transformando al Estado en una banda de hombres en constante conquista, en otras palabras, la institucionalización no sería más que una quimera, sin actos predecibles y normados. E aquí que el derecho cumple una función fundamental en la estandarización de los actos estatales, y por consiguiente, le otorga perpetuidad en el tiempo a las órdenes de la autoridad.
Hugo Herrera, profesor de Teoría política en la facultad de Derecho y ciencias sociales, de la universidad de Valparaíso, Chile, considera que al menos el Estado puede distinguirse de otro tipo de organizaciones humanas dotadas de fuerza, por su fin, el cual en pocas palabras, sería el bien común. El buscar el bien de sus miembros, está determinado por el apoyo a las entidades intermedias de la sociedad, como la iglesia, la familia y escuelas, reforzando la tesis del Estado subsidiario, impulsado por los ideólogos del régimen, entre ellos Jaime Guzmán. Tal bien, consiste en el despliegue de las capacidades humanas por medio de la protección de las instituciones intermedias, y para ello, se hace perentorio generar un sistema que “administre la fuerza”, de manera que se garantice un ámbito pacífico donde se supere la problematicidad tan típica, según Herrera, del ser humano, es decir, la posibilidad de que éste actúe con violencia a partir de argumentos o razones.
Tal noción es criticable por muchas razones. En primer lugar, el despliegue de lo humano, está condicionado por el régimen cultural imperante, por el sistema de clases y por las condiciones materiales que tal sociedad pueda ofrecer a todos sus miembros. Si yo intuía que mi despliegue en la edad media, no era Dios, sino la ciencia, el señor, el rey o el papa me quemaba vivo en la hoguera. ¿Acaso el investigar mas allá de lo que señalaba el clero como fuente autorizada, no es despliegue? El esclavo en la antigua roma, podía aspirar apenas a un despliegue precario, dada su condición jurídica de cosa. En una sociedad primitiva, las condiciones de despliegue están dificultadas por la imposibilidad de aumentar artificialmente la capacidad de producción. Esta constante se ve en toda la historia, basta investigar solo un poco para dar con el error de Herrera.
Por otra parte, se utiliza un criterio errado, pues aquel fin supuesto del Estado, el bien común, no se ha realizado históricamente aún. En cambio, Herrera soslaya el elemento que sí ha permanecido en la superestructura política, el control conductual de las personas sujetas a aquel régimen. Ningún Estado puede abolir todo su aparato de fuerza y persuasión, pues en tal caso, desaparece como Estado, se transforma en una asociación más, sin la jerarquía necesaria que requiere el aparato para hacer respetar su derecho.
Otra censura a la teoría del Estado de Herrera, es el concepto de problematicidad, el cual implica una potencial agresividad incluso generada por argumentos y razones. Tal concepto implica una peligrosidad del hombre respecto al hombre, una tensión siempre latente hacia el conflicto y el uso de la fuerza particular. Si bien tal realidad (de que el hombre es potencialmente agresivo) es correcta, Herrera cae en el error de justificar la existencia y la conservación del Estado a parir del concepto de problematicidad. Su planteamiento, asume que buscamos la paz, cosa totalmente comprensible, pero que para superar el posible conflicto, nos sometemos a otros seres humanos, igualmente peligrosos, igualmente problemáticos, los cuales concentran a su haber el monopolio de la fuerza. El ser peligroso escapa del peligro de los otros seres peligrosos, amparándose bajo el alero de otros seres igualmente peligrosos.
Ahora que hemos desvelado en algo el problema del Estado, estamos en condiciones de formular una nueva definición. Estado será aquella organización del poder que busca generar conductas en el colectivo concordantes con el régimen de organización social, y que para cuya consecución, utiliza la dirección y mando del Estado (gobierno) a un aparato de fuerza centralizado (policía, ejército, tribunales) y a una serie de aparatos ideológicos (escuelas, religión, bellas artes, etc) que no son necesariamente de propiedad estatal, pero que actúan con el fin de generar las anteriormente señaladas conductas. El status ontológico del Estado, no radica ni en el uso de la fuerza (banda de ladrones), ni en el bien común (no se ha realizado siempre), sino que en su capacidad de dirección cultural de la sociedad, y en consecuencia, de los comportamientos humanos. Para que tal dirección sea efectiva, está el aparato de fuerza, pero éste no es siempre utilizado, sino que generalmente se actúa por medio de la persuasión, por medio de los aparatos ideológicos del Estado.
Como veremos mas adelante, tanto el derecho como el Estado son aparatos conductuales, con la diferencia de que el derecho es producción de éste último. Es un producto que se auxilia en el poder de su generador. Es un medio que utiliza el Estado para hacer más efectivo aún el dominio y la hegemonía que por medio de éste último, impone la clase dominante.

1 comentario:

Ignacio Castro Calderón dijo...

interesante tu concepcion del estado