viernes, 2 de febrero de 2007

Historia, individuo y sociedad (apuntes preliminares para un ensayo definitivo)

El hombre se haya desde sus orígenes, íntimamente ligado, vinculado a otros, el individuo como tal, no es mas que una abstracción necesaria, pero no una realidad empírica. El partir considerando al hombre desde la mera subjetividad, es soslayar el elemento social del individuo, es decir, toda aquella instancia formadora que se imprime en la personalidad misma del individuo que integra a tal sociedad. Por otra parte, y no entrando en conflicto con las notas precedentes, el hombre es una especie (un tipo de ser específico), lo cual indica cierta naturaleza física, la cual es compartida por todos los miembros de la especie, así como las características éticas (obrar), técnicas (hacer) y cognitivas (saber), que emanan y son expresión de un patrimonio genético similar. El hombre es un ser animal y por consiguiente, está sujeto a relaciones con su medio (en el hombre sería mundo), y con sus congéneres, tal como toda la bestialidad que nos precede. Sin embargo, y resulta inexcusable la diferencia, el ser humano es capaz de transformar su relación con la naturaleza, conforme vayan cambiando las necesidades tanto emanadas de sus interiores que exigen la satisfacción de sus requerimientos (sexualidad, nutrición, tendencia hacia la sociabilidad), como de las exigencias que el régimen de organización social impone a los sujetos (la necesidad de dinero en cuanto ganancia en el régimen capitalista).
El vínculo entre el individuo (miembro de una especie) con sus iguales, también adquiere matices especiales en el hombre. En primer lugar, el hombre genera un mundo social, sobre la base de su relación con la naturaleza. No es posible la supervivencia y la reproducción sin el control de esta condición. Sólo una vez arraigada en la tierra, (sólo una vez que el trabajo, es decir, la relación mutuamente transformadora entre hombre y naturaleza genera un mundo material que satisfaga los requerimientos propios del ser humano), la comunidad de hombres genera una organización, pero es perentoria la del trabajo de los mismos hombres. Forzosamente es así, pues no sería factible el vínculo laboral hombre-naturaleza, si no existiese un vínculo entre hombres para realizar tales labores. A partir de tales relaciones sociales abocadas a la producción, en cuanto generación a partir del trabajo de su mundo material, surgen las demás relaciones no naturales del hombre. Tales relaciones no naturales, aluden a las relaciones jurídicas (propiedad y obligaciones), políticas (gobernante-gobernados), en otras palabras, relaciones conductuales, que buscan del hombre no lo propio de su ser, sino una conducta preestablecida, predeterminada, y tales relaciones artificiales no han desarrollado a cabalidad las cualidades humanas naturales, sino que en muchas ocasiones, lo frustran (véase la esclavitud y el derecho romano, totalitarismos, bastan ejemplos en la historia). Hay relaciones naturales entre los hombres, en cuanto no generadas de las relaciones sociales de producción, aunque sí posiblemente influidas por ésta y sus derivados (véase derecho de familia). Entre estas podríamos incluir a la relación de amistad, de amor, de familia (por lo demás muy influida por el régimen social), de fraternidad, entre muchas otras. En tales relaciones, el hombre se realiza como tal. Es tratado y considerado como un fin en sí mismo y no como un medio para la consecución de fines ajenos a su naturaleza y a su voluntad. En la relación de amor, las parejas se realizan, son parte de un proyecto propio e íntimo, son creadores de un mundo nuevo dentro del viejo, del cual éstos serán los forjadores y diseñadores, en otras palabras, realiza su libertad. La relación de familia des-enajenada, es una consecuencia (no indefectiblemente) de la relación de amor, y en ésta se concreta el proyecto de pareja en una prole, es decir, existe la posibilidad de eternizar el legado tanto genético como cultural de nuestra persona en otro ser, nuestros hijos. La excesiva jerarquía entre padres e hijos, es un resultado de la atomización social, la desvinculación con las otras familias, la incomprensión de los padres, resultado de la enajenación provocada por un sistema de relaciones sociales de producción igualmente enajenado, es decir, no orientado al ser humano.
Anteriormente señalábamos la existencia de una naturaleza física que determina ciertas características en el saber, en el obrar y en el hacer humano. No se trata de juzgar moralmente al hombre como bueno o malo, tarea infructuosa e inadecuada. Es el hombre quien produce el bien y el mal. De lo que se trata es de descubrir las condiciones que permiten al hombre generar tales valores, y no nos referimos al hombre como individuo, lo repetimos, sino como conjunto de complejas relaciones sociales.
De las producciones humanas, de su hacer y obrar, proviene la cultura, que no sería mas que el mundo artificial generado por el propio hombre. Tal cultura, interviene de un modo inestimable en las personalidades de cada integrante del grupo social en que esta es producida, imprimiendo en el individuo la huella del obrar humano pasado. Un ejemplo claro, es la lengua castellana, que es producción del humano castizo para satisfacer un requerimiento como la comunicación. Desde sus primigenios momentos, hasta ahora mismo cuando escribo estas líneas para ustedes estimados lectores (no se cuando las leerán o si las leerán alguna vez), la lengua castellana ha influido en maneras de pensar, en viajes interoceánicos, en política internacional y nacional, ha estado presente el idioma en todas estas acciones humanas.
Pero dijimos anteriormente que el ser humano está desde sus momentos primigenios en una relación con otros, lo cual implica que el ser social se introduce en nuestra definición precaria, como verdadero imperativo. El niño se educa conforme a patrones establecidos por otros hombres, los cuales también se educaron por reglas de otros, y así vamos retrocediendo en el tiempo.
Entonces algunos podrían exigir que me retire de la audiencia por que hay cierta contradicción en el pensamiento expresado, pues ¿de donde salen esas reglas, el contenido de esa educación infantil?, ¿de un cielo inteligible, de Dios, de la naturaleza humana? De otros hombres, está claro. Pero si los hombres tienen cierta determinación social, interiorizada en éste por obra de la enseñanza, el trabajo, las reglas, ¿de donde sale el invento libre, el proyecto hecho realidad, es decir, la innovación?
Carlos Marx, la imponente figura intelectual y cultural de un hombre que quizá fue el que más ha influido en la historia contemporánea, con precisa contemplación, y acertada reflexión respecto a los hombres, nos señala en sus tesis sobre Feuerbach escritas en 1845 y publicadas recién en el año 1888 por Engels, como apéndice en su Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana.
“La teoría materialista que afirma que los hombres son producto de las circunstancias y de la educación y, en consecuencia, de que los hombres modificados son, producto de otras circunstancias y de una educación distinta, olvida que son precisamente los hombres quienes modifican las circunstancias y que el propio educador debe ser educado”.
Pues es claro que el hombre es libre, es decir, actúa no solo conforme a patrones naturales o sociales, sino que también es capaz de hacer historia, hacer reglas de conducta, e incluso imponerlas a otros, o en palabras del mismo Marx, modificar las circunstancias a las cuales se halla originariamente circunscrito, lo cual refiere a nuestra capacidad de intervenir en el mundo natural y social. Influimos en los comportamientos ajenos, opinamos, expresamos ideas, arte, trabajamos y con ello producimos, satisfacemos nuestras necesidades, y con ello intervenimos en la naturaleza, interactuamos con ella, además de otras maneras, contemplándola, gozándola o contaminándola, pero como sea, intervenimos en ella. Pero sin olvidar lo anterior, tenemos, sin querer, sin que nuestra voluntad lo haya así requerido, una cierta determinación, nacemos en un país y no en otro, y en tal país se habla un idioma específico, que me lo enseñarán sin preguntarme siquiera si tengo o no el deseo de aprenderlo, mis padres profesan una religión, o quizá son ateos o agnósticos, y ellos de cualquier modo influirán en mis primeras creencias. Mas importante aún, nacemos en una clase social, la cual nos determina de muchos modos, pues los pobres comen menos que los ricos, se educan menos, viven menos, tienen menos oportunidades que ellos en las sociedades en que los hay, etc.
Si no es la sociedad, también la naturaleza nos determina de algún modo, no nos permite vivir mas allá de los 200 años, aunque así lo quisiéramos, nos hizo hombres y no perros, nos hizo aptos para caminar, no para volar, aunque está claro, el hombre es capaz de vencer muchas de las determinaciones tanto naturales como sociales. Volar fue un sueño que el hombre tubo durante centurias, y recién en el siglo de las luces, más específicamente en 1783, un globo aerostático construido y diseñado por los hermanos Montgolfier se eleva del palacio de Versalles, y en 1903, los hermanos Wright surcan los cielos de las praderas norteamericanas, en el primer avión de la historia. Es decir, el ser humano nace en cierta circunstancia que lo determina en parte, pero es capaz de vencerlas, por el uso de la razón que permite sopesar los medios de que disponen con las condiciones o supuestos de la acción.
No solo, como ya dijimos, existen determinaciones naturales, sino, en cambio las hay sociales, las cuales también pueden ser vencidas, por medio de revoluciones se puede acabar una situación jurídica injusta como la esclavitud o la servidumbre, es decir, el hombre con su actuar libre en el mundo, vence sus carencias y limitaciones, se impone en la naturaleza, y se impone así mismo otras formas liberadoras o esclavizadoras de existencia social.
Quizá esta sea una característica insita de nuestra especie, el ser interventores concientes en el mundo, y mas aún, generadores de nuestro propio mundo humano. Claro está que los vegetales llenaron la atmósfera de oxígeno hasta hacerlo habitable para el resto de las especies, intervinieron de un modo envidiable, quizá mas que nosotros, pero ello no fue porque estas pensaran de forma premeditada en realizar tal caritativa y magnánima obra, no lo pensaron, simplemente su determinación natural las hizo ser así. Si hubieran sido como nosotros los humanos, habrían pensado en mas de una ocasión mantener la posición de seres abastecedores de los heteróforos, quienes somos verdaderos parásitos de los vegetales, cabe la posibilidad de que éstas como seres pensantes, hayan simplemente creído que tal favor hecho a todos los seres vivientes, de proporcionarles oxígeno para que vivieran era muy graciosa y gratuita concesión, e incluso, habrían dudado en seguir haciéndolo, confeccionado ingenios para guardarse egoístamente para sí el oxígeno. Esta es la acción propiamente humana, intervenir de manera conciente en el mundo. Conciente revelaría cierta lucidez o cierto conocimiento reflexivo acerca de las cosas.
Nacemos con un cuerpo frágil, enclenque, precario, capaz de sucumbir ante las inclemencias del frío, del calor, de la amenaza de las bestias, o de otros hombres, pero nosotros confeccionamos abrigos, herramientas útiles, armas para la defensa y toda clase de artilugios, y ello es la cultura, el hacer y obrar humano, que nace del trabajo, aquella actividad privativa del ser humano consistente en la generación de su propio mundo material. Las necesidades alimenticias fueron las primeras en tener que ser saciadas (el hombre antes de filosofar y hacer política, debía alimentarse…Engels), lo cual, con un cuerpo poco adaptado para la caza fue infructuoso para nuestros ancestros. El equipo, la batería biológica del hombre es muy pobre, dentadura y mandíbulas poco fuertes, poco veloz en comparación con los felinos, poco alto en comparación con los elefantes y las jirafas, poco fuerte como los osos. Pese a aquella carencia, la naturaleza nos puso en primer lugar con dos pies en la tierra, lo cual nos permitió andar erguidos, lo cual consecuentemente determinó la agilidad y precisión de nuestras manos, aptas para el trabajo. Con aquellos miembros anteriores libres de actividades pedestres, y ocupados para labores múltiples tales como confeccionar artilugios de madera, nuestros ancestros desarrollaron en cuanto pasaron los siglos, su cerebro, el cual multiplico el número de sus conexiones neuronales, procurándoles la capacidad de entender su entorno, reconocer las causas de los fenómenos acaecidos en su mundo y de organizar socialmente el trabajo y la producción, lo cual generó la actual sociedad, su estado, su derecho, su moral y su religión. Resulta interesante observar la relación entre evolución humana y trabajo, en cuanto que la primera fue desarrollándose por causa del segundo, y el segundo fue desarrollándose en virtud de la primera. La necesidad fue configurando y transformando los órganos simiescos en humanos, a través de un largo proceso de evolución, que seguramente bordea los dos o tres millones de años. Primero, simios arborícolas con manos especializadas en trepar, coger frutos y actividades de otra índole. Segundo, por causas climáticas o de otra índole, los simios abandonan los árboles para habitar la sabana, donde el medio y la necesidad los constriñó a vivir erguidos. Tercero, las manos simiescas especializadas en trepar, se adaptan a la nueva vida de pradera, libres de labores propias de la vida arborícola. Cuarto, tales manos son utilizadas por los prehumanos para confeccionar herramientas propias de la vida se sabana, es decir, la caza y la recolección. Debido a la ausencia de garras, fuerza o velocidad, el hombre para las labores de caza y pesca debió producir herramientas, con lo cual fue generando su propio mundo material. Este desarrollo material no puede ser individual, pues como premisa sostenemos que el hombre es desde sus génesis un ser social en cuanto agrupado y relacionado con otros, de manera que el lenguaje como representación mental de las cosas y como consecuente exteriorización de tales representaciones, nace nuevamente de la necesidad de los hombres, de decirse algo y de decirle algo a su prójimo, de modo que los grotescos gruñidos de primates fueron perfeccionándose hasta decantar en el maravilloso órgano que tenemos para hablar . Pero ¿por que entonces ningún otro animal no goza de un lenguaje tan específico como el de nosotros? Pues tal pregunta se puede responder en el mismo mundo animal, por ejemplo las hormigas poseen un sistema de comunicación en base a las sustancias químicas emanadas de glándulas especiales. Tal sistema es de comunicación, puede ser tan específico como el del ser humano, y se generó en el cuerpo de la hormiga en cuanto esta en su evolución, tuvo que agruparse en grandes colonias dada su fragilidad individual. La necesidad crea el órgano. Pero ¿por que la hormiga no puede pensar?, siendo que en sus agrupaciones existe cierta organización social de la producción, siendo que posee un sistema de comunicación específico y siendo que posee una dieta omnívora. Ello básicamente es porque ellas no generan su propio mundo de existencia material, están en la naturaleza, intervienen en ella, pero no tienen facultad de dominio sobre ella. Solo el hombre sale de la naturaleza una vez que genera sus propias herramientas para proveerse de insumos elementales de vida. Solo así el hombre “se hace” hombre. Anteriormente señalábamos que la dieta omnívora provee al hombre del soporte bioquímico (proteínas, grasas y carbohidratos) que requiere para el desarrollo de su sistema nervioso central, particularmente el encéfalo. Así mismo, no olvidemos la contribución del lenguaje al desarrollo del cerebro, el cual genera en éste último una dimensión refleja del mundo real y existente. Con tal desarrollo, se logra el cerebro humano actual, del cual proviene todo lo que pensamos. De un mundo material, provino el mundo ideal, artificial, cultural (1). Con esto no pecamos de mecanicistas. No sostengo que el pensamiento sea del cerebro lo que la orina es de los riñones como sostenía el materialismo mecanicista burgués del siglo dieciocho (2). El pensamiento en sí, la idea, es algo inmaterial en cuanto exista un cerebro material que lo genere, lo retenga, “lo piense”. Mi concepto de las mujeres proviene de múltiples experiencias que he tenido al respecto, ya sean ajenas como personales, ya sean sociales como individuales. Pero tal concepto no es en sí un flujo material que tenga las características de la mujer, pues tal flujo solo es un código químico o físico que activa en mi mente las múltiples experiencias pasadas acumuladas y cifradas, adquiridas por los sentidos. El concepto “en sí”, como “cosa puramente conceptual” de mujer no puede ser reducido completamente a materia, aunque sí es certero asegurar que tal concepto proviene de nuestro estar en el mundo, y más aún, estar con otros de nuestra misma especie. Nuevamente se comprueba mediante un simple examen racional que lo ideal e inmaterial proviene de lo material. La materia suele organizarse hasta generar estructuras capaces de idealizar, como es nuestro cerebro. Solo con una compleja organización de las distintas células y demás estructuras, es posible pensar, proceso que se ha desenvuelto con el devenir de la naturaleza, es decir, su evolución.
Lo propio de lo humano, surge en la vida social. La moral, la técnica, la religión, la política, el arte, el afecto a otros, todo ello no es posible en la mera autarquía individual. Como hemos dicho y diremos más adelante, y como también nos señalo Rousseau, el individuo, es decir, la suposición de que el género humano hubiese quedado abandonado a sí mismo, es un estado que no existe ya, que acaso no ha existido, que probablemente no existirá nunca. (3)
Cada individuo, es la síntesis de sus relaciones sociales. Es la síntesis parcial de la historia misma de su grupo humano. Cada uno de nosotros, está cargado ya de una serie de costumbres, frases, palabras, imágenes, cuentos, mitos, canciones y acciones, provenientes de generaciones pasadas. Tales elementos, se encuentran escriturados ya en las memorias de los integrantes de tal agrupación humana. Cada uno de los miembros de una tribu, es una síntesis parcial de la comunidad entera, tanto la de los vivos como la de los muertos, es decir, tanto de las historias pasadas como del presente. Sin dejar de afirmar lo anterior, y coincidiendo con Marx en este sentido, debemos reconocer, el no mero determinismo histórico al que estaríamos condenados, pues todas aquellas cargas sociales, que cada uno de nosotros soportamos, cada sustrato histórico cultural que ha sido aprendido en el curso de la sociabilización y que se a asentado en nuestra memoria, es el resultado de producciones humanas, artificiales, que se generan por obra de los hombres en sociedad. Cada obra artificial, es decir, cultural del hombre, es un proyecto subjetivo que se llevó a la práctica, que se concretizó, que se hizo objeto.
(1) Federico Engels, El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre, editorial Ateneo, año 1986 Buenos Arires Distrito federal, ARGENTINA.
(2) Tal detalle no solo es mérito del autor del ensayo, autores como Erich Fromm, resaltan que el materialismo marxista no es compatible, sino contrario al mecanicismo positivista. Marx plantea que la base y fundamento del universo, consiste en su materialidad, y las diversas formas y movimientos que ésta adopte, pero en ningún caso obvia la existencia de una dimensión no material o no puramente material, lo que hace es derivar de la materialidad y su movimiento a la espiritualidad.

(3) Jean Jacques Rousseau, Discursos, Discurso sobre la desigualdad de los hombres, edición jurístas perennes EDEVAL, año 1979 Valparaíso CHILE.

EL RÉGIMEN SOCIAL (apuntes preliminares para un ensayo definitivo)

La sociedad no es mera agrupación de individuos, en ella no solo están éstos en una transhumante desvinculación, sino que en cambio, en una constante interrelación. Los hombres en su vida, generan lazos de afecto, cooperación, solidaridad y conflicto con sus congéneres y las instituciones que rigen en un momento dado a la sociedad. Ello parece bastante evidente como para documentarlo y señalarlo en éste ensayo, pues en más de una ocasión lo hemos experimentado. Los hombres suelen agruparse, dentro de sus propias sociedades, con otros hombres, que tengan los mismos anhelos, los mismos intereses, y además, los defienden muchas veces arriesgándolo todo. Sin embargo, y aunque los hombres tengan intereses distintos, y luchen en su defensa, la sociedad muestra una extraordinaria plasticidad, suele permanecer aunque las generaciones pasen con el tiempo. Tal permanencia se debe en parte a la aceptación por parte de sus miembros, del sistema social al que están sometidos, al acatamiento de las normas de conducta, que son verdaderas instrucciones y modelos de ser, respecto a los hombres que impera. Sin embargo, sabemos a ciencia cierta que sistemas sociales evidentemente onerosos para gran parte de sus miembros, han permanecido incólumes durante siglos. Las sociedades esclavistas tanto antiguas como modernas, dan testimonio de la afirmación anterior. Esto nos señala que las sociedades pueden mantenerse intactas con una masa de descontentos. El cambio del sistema social, por parte de los descontentos, solo podrá ser realizado una vez que éstos tomen conciencia de su posición de desventaja y opresión frente a los privilegiados, pero ello no basta, deben actuar para modificar tal situación. Si no basta la sola aceptación, o si tal acatamiento suele ser inconcordante con la situación que se vive (aceptación y sumisión en condiciones de explotación), para mantener a una sociedad (entendiendo a sociedad como régimen de organización social, no como población), es necesario generar un sistema que provoque tal acatamiento, de manera artificial en los sometidos.Ya en los capítulos anteriores hacíamos mención al proceso de sociabilización por el cual todos nosotros, como individuos integrantes del género humano, hemos transitado, y seguimos, hasta nuestros últimos días en tal tarea de amoldamiento de la personalidad por parte del grupo. Recordemos la enseñanza, es decir, el ingreso de las pautas conductuales a nuestro conciente. Ello revela, que hay ya, de manera insita en toda sociedad, un sistema que propicia el acatamiento artificial de los novatos. La misma sociabilización, por medio de las relaciones íntimas de familia, amigos, compañeros de trabajo, pareja, entre otros, contribuye a “formarnos” como seres adaptados al medio social.Pero dicho sistema de enseñanza vía sociabilización, es aún insuficiente, puede fallar, pues está en manos de personas que muchas veces no tienen una relación de adhesión enconada y conciente con el régimen. La familia puede ser enemiga del régimen, o los amigos ser miembros de un partido que opone a tal sistema, otro, de diversa índole. Es por ello que los defensores del régimen deben generar otros mecanismos que provoquen acatamiento en la persona, que dependa no de cualquiera, sino de personal militante, especializado en la persuasión, la disuasión, o mas concretamente, en la represión del elemento desviado.Cada sociedad, entendiéndola no solo como población o contingente, sino como unidad cultural humana, requiere de modelos o modos de ser, arquetipos de cómo bien hacer y obrar. En el feudalismo, los señores esperaban de sus siervos una actitud servil, sumisa y obediente. A esta actitud contribuía la iglesia y la familia, que en esos tiempos tenía una mayor influencia sobre el individuo que en nuestra época industrial y capitalista. En los tiempos modernos, se consagra el individualismo, el egoísmo y la atomización de las organizaciones sociales que promueven la defensa de lo más propio del ser humano, su sociabilidad (en cuanto relación entre hombres) y su trabajo (en cuanto relación mutuamente transformadora entre el hombre y la naturaleza). Se difunde una forma de ser adecuada para el régimen de organización social imperante, por medio de los denominados por Louis Althusser, aparatos ideológicos del Estado, que son los centros de difusión de la ideología dominante, que es la de la clase dominante.Cada grupo humano, para mantener un esquema de organización en el tiempo, requiere de ciertas prácticas, instituciones de diversa índole, lazos que permitan conservar cierta cercanía entre los miembros, todos los cuales son mecanismos que permiten la cristalización de un orden social.El derecho y el Estado, son parte de esta red de prácticas humanas, son parte del sistema de conservación social, pero también son canales de tratamiento del conflicto que siempre está en gestación al interior del grupo. Tal sistema incluye también a la religión, la educación pedagógica, el arte, los usos sociales, la moral, el lenguaje, la familia, entre otros, conforma instituciones que promueven formas de actuar, normas de conducta, patrones culturales, que moldean la personalidad del individuo en su proceso de sociabilización.El status de institución, está dado por la objetividad de las anteriores estructuras. La objetividad refiere al reconocimiento actual que poseen tales instituciones. No consiste en la aceptación valórica de éstas, sino en una aceptación como realidades actuales y existentes que influyen en nuestra conducta. El derecho puede ser oneroso para gran parte de la población, pero en cuanto éstas lo aceptan como algo real, es objetivo ese sistema jurídico. De todos modos, y sin dejar de considerar lo anterior, el reconocimiento o aceptación de la institución como tolerable, bondadosa, incorrupta y desplegante, puede contribuir a mantener su objetividad, de la misma manera, el desacuerdo respecto a éstas instituciones puede minar, o incluso acabar con su objetividad. Una institución no será objetiva, en cuanto sea ignorada como tal, en cuanto su influencia sobre la población sea tan mínima, tan insignificante, que pierda el status de institución. Así es el caso de la esclavitud, la cual hoy en día carece de objetividad, aunque haya algún día existido, y marcó de manera importante a la historia universal. Perdió el carácter de institución jurídica en cuanto fue abolida por medio de actas, constituciones, leyes y otros documentos con fuerza legal, y perdió su status de institución económica, en cuanto la producción industrial dejó de requerir ésta mano de obra, ya que aparecen nuevas maneras de suplirla, tales como la máquina, que puede hacer el trabajo de muchos esclavos.Si existe tal sistema de instituciones, que tienen como denominador común el conservar ciertas acciones humanas en el tiempo, cabe preguntar ¿cuales son esas prácticas protegidas por las instituciones que con antelación señalamos?, ¿por que son protegidas?, ¿que importancia tienen tales prácticas, para generar tal aparato?Son acciones humanas que conservan al sistema de organización social imperante. Ninguna norma jurídica, por ejemplo, autorizaría a los ciudadanos a derrocar al gobierno legitimado por el mismo sistema, tampoco autorizaría tal ordenamiento jurídico la revolución social, a no ser que el productor normativo sea revolucionario, pero de todos modos, no toleraría tal gobierno revolucionario, la contrarrevolución. Cada sistema social tiene instituciones que contribuyen a cuidarlo del cambio. Es característica insita de todo régimen social (hasta ahora conocido) la autoconservación, el autocuidado, la protección de éste, sus instituciones y sus valores. Pero no debemos olvidar que tales instituciones son solo medios para la consecución de un fin, de manera que cuando tales instituciones “fallan”, es decir, no contribuyen al logro de la meta social, son sobrepasadas por la acción violenta, quitándole el velo al poder del grupo dominante. Situación tal sucede en el caso de ascenso de un gobierno revolucionario por vía institucional, es decir, observando los procedimientos establecidos para el normal acceso al poder político. Las fuerzas reaccionarias rompen la legalidad, esa legalidad a la cual estos mismos grupos contribuyeron a fortalecer y forjar para el logro de sus objetivos y metas. Es así como inician campañas terroristas, provocando el miedo entre sus oponentes, demostrando su poder a la población y generando un clima de intranquilidad e incertidumbre social que finalmente desemboca en la catástrofe, la cual suele ser controlada por las fuerzas dominantes, que se apoderan nuevamente del poder político, por vía de la dictadura. Un ejemplo bastante claro, es el de Chile en el año 1973.

EL DERECHO (apuntes preliminares para un ensayo definitivo)

Es la técnica de control social consistente en la objetivación, es decir, el reconocimiento social de su obligatoriedad, de normas que persiguen la obtención de conductas exteriores en los hombres imperados por éstas, que sean minimamente compatibles con el régimen de organización social imperante, y que para cuya consecución, se auxilia del aparato de Estado, sus recursos, sus contingentes y sus armas.Para la obtención de conductas exteriores de los hombres minimamente compatibles con el régimen, ésta técnica de control social se ampara o auxilia en el uso de la fuerza armada monopolizada por el Estado, la cual es aplicada por éste, en el caso de que individuos o grupos no observen las normas estipuladas en el derecho.El derecho emplea al aparato del Estado, y éste debe actuar conforme a las normas del derecho. No hay que confundir entre ambos, no son lo mismo el Estado y el Derecho, aunque colaboran conjuntamente en la obtención de ciertos fines, también suelen chocar en situaciones de crisis, conflicto, guerra civil, golpe de Estado, guerra externa y revolución. Si bien no se confunden, el derecho es parte del estado, mas no el estado es parte del derecho.Si bien muchos autores reconocen en la coerción la característica insita del derecho, no podemos olvidar las muchas sanciones positivas o premiales, que el mismo derecho estipula para el reconocimiento por parte del ordenamiento jurídico de conductas exteriores de los hombres que se consideran estimables, ejemplares y concordantes con el régimen de organización social imperante. De todos modos, no olvidemos que el derecho no es autónomo, no puede actuar por sí mismo, debe auxiliarse en el Estado, incluso para llevar a cabo las anteriormente señaladas sanciones positivas.Ambos son medios que colaboran en la consecución del establecimiento o mantención de un cierto control sobre la población, para así generar las condiciones básicas de conservación de un régimen social determinado. E aquí el hecho de la eficacia de las normas jurídicas, que Hans Kelsen supone como condición, más no fundamento de validez de éstas. Tal hecho, el de la eficacia, no sería más que la concordancia entre las normas y el régimen de organización social imperante. Sin embargo no es recomendable dogmatizar tal suposición, pues el régimen de organización social imperante, se sostiene en parte gracias a las normas. Existe cierta reciprocidad entre normas y orden socio cultural, pero debemos sostener que es el régimen socio económico el que instituye al régimen jurídico político, el cual con posterioridad a su instalación, está en condiciones de estandarizar e instituir actos tanto en la sociedad civil como en la sociedad política.Un Estado sin derecho, se transformaría en el ejército de la facción dominante, que debe imponerse constantemente por medio de la fuerza arbitraria por sobre los otros grupos subordinados a ésta, a modo de constante conquista militar, tal como lo señalábamos con anterioridad. Sería un poder efectivo, pero incierto, y los actos del Estado no serían estandarizados, pues no hay certeza jurídica de sus acciones a futuro. Existiría fuerza, pero no poder constante, organizado y relativamente predecible. Existiría control social, pero tal no se mantendría en el tiempo, no sería constante.Un derecho sin Estado, sería una declaración de principios sin amparo, sin garantía concreta y armada de su obediencia por parte de los sujetos imperados por ésta. Si bien podría gozar de objetividad, en el sentido de que es reconocida socialmente, carecería del elemento que la hace ser derecho propiamente tal, como una técnica de control social que impone modelos, patrones de comportamientos obligatorios para los miembros del grupo que pretende imperar, y que para hacerse reconocer por la comunidad, se auxilia en el uso de la fuerza organizada del Estado. Mera literatura política, mas no derecho, sería tal declaración.Las normas del derecho valen, según el jurista vienés, en cuanto su origen o pedigrí, es decir, su forma especial de existencia, el obligar, es la validez, y ésta encuentra su fundamento no en la concordancia del contenido de la norma con los principios del derecho natural o de la justicia. El derecho, según Kelsen es un sistema normativo dinámico, lo cual implica que el fundamento de validez de sus normas no está en su contenido, como la moral, sino, en su origen, es decir, si tal norma (norma fundada) cumple con los procedimientos establecidos por otra norma de mayor jerarquía (norma fundante) que estatuye su producción. De esta manera, Kelsen señala que el ordenamiento jurídico, es decir, el todo ordenado de normas de distinta jerarquía, tiene una estructura piramidal e invertida, donde las prescripciones de menor jerarquía, están subordinadas a las de mayor jerarquía, que determinan respecto a las primeras, un triple registro de datos, a saber, quien está facultado o autorizado para producir la norma (el Presidente, el Parlamento, etc), por medio de que procedimientos (quórum especiales por ejemplo) y cuales límites de contenidos debe respetar tal norma (no sobrepasar a la constitución por ejemplo).En los regímenes políticos modernos, existen una serie de normas de mayor jerarquía, que pueden llegar a estar formalizadas en un texto unificado. Es la constitución de un Estado, la norma fundante de todo el ordenamiento jurídico, compuesto de normas fundadas en ella, como la ley, las sentencias judiciales y otros tipos de continentes normativos. Tal constitución suele ser producto de una lucha política en pos de la independencia de un Estado, así como el resultado de una revolución o un golpe de Estado triunfantes. Tal situación política, remueve las bases del ordenamiento jurídico, dejando sin efecto parte de las normas anteriores, incluyendo la antigua constitución, y reemplazándolas por unas nuevas que orienten la acción del nuevo Estado y de la sociedad que éste dirige.La norma constitucional que no nace a partir de otra norma constitucional, es una primera constitución histórica, la cual obtiene su validez del hecho de la eficacia que haya tenido al momento de ser aplicada. Si tal nueva constitución es eficaz, es válida. Tal afirmación Kelsen soslayó por medio del subterfugio de la norma básica o fundamental, puesto que no concebía que el fundamento de validez de las normas del derecho, radicara en un hecho como la eficacia, o en un valor, como la justicia. El jurista se propone por objetivo, generar una verdadera ciencia del derecho, que la desvelara de todo tapujo axiológico, moral, ideológico y metafísico. A esta ciencia le denominó “teoría pura del derecho”. Es por ello que no resulta extraño que haya radicado en una norma, el fundamento de validez de todo el ordenamiento jurídico, una norma que no es “puesta”, sino “supuesta”.Como toda estructura humana, el derecho de reproduce, quiero decir con esto, que se auto produce gracias a que al ser una estructura jerárquica, hay normas que regulan la producción de normas inferiores, tal como lo señalábamos anteriormente. No quiero decir con esto que el derecho sea autárquico, pues recordemos que para que tal producción se lleve a cabo en la praxis, es perentorio primero que existan personas que actúen conforme a sus intereses, y segundo, que tales intereses, éstas personas los quieran cristalizar en el derecho.Ahora, existe una reproducción normativa del derecho, y una reproducción social del mismo. Con reproducción normativa, solo nos referimos a la generación formal estimada en el mismo ordenamiento jurídico.Las fuentes materiales del derecho, al ser agentes externos a él, no considerados en su núcleo de reproducción, no forman parte del sistema de auto producción normativa del derecho. Pero si atendemos a una visión ya no jurídica, sino sociológica respecto al medio, nos daremos cuenta que las fuentes materiales del derecho, son los medios sociales de reproducción y control del derecho, de los que constan los grupos sociales hegemónicos que actúan en su dirección y porvenir. A partir de tales fuentes materiales surge el contenido, la genética del derecho.Una característica esencial del derecho, es que se auto cuida, eso quiere decir, que el derecho no solo puede reproducirse indefinidamente, transformándose y creando nuevas normas, sino que también tiene cierta capacidad de reacción frente a quienes desean desecharlo o cambiarlo de manera radical. Los grupos revolucionarios, golpistas, rebeldes, etc, constituyen en si mismos ordenamientos jurídicos en estado larvario. El ordenamiento jurídico proscribe estas asociaciones y las combate con la fuerza del Estado. Es el Estado entonces, un aparato que se ocupa tanto de la función de reproducción como de cuidado del derecho.Por ello, se constituye un ámbito, el político, el cual simplemente constituye un espacio, donde “se reúnen” quienes dominan a la sociedad, y quienes dan cuerpo a las normas del derecho, inspirándose en sus intereses. El derecho es por ello, esencialmente político, pues surge como consecuencia de imposiciones, acuerdos, concordatos, pactos, y otros, entre aquellos grupos y particulares que actúan en el espacio político.De todos modos, y aunque el derecho careciera de normas que lo estatuyeran, la existencia de grupos de hombres con intereses comunes, y con la voluntad de defender tales intereses que solo pueden realizarse en comunidad, ya genera un sistema de relaciones sociales caracterizadas por el poder, es decir, de dirección conductual. Entonces, tenemos dos opciones, o el derecho no solo es norma, sino un sistema de relaciones sociales caracterizadas por el poder, o el derecho, entendido como norma, está basado en el sistema de relaciones sociales de poder, pero no se confunde con él. Para comprender y enfatizar mejor, preferiremos denominar derecho, solo al sistema normativo coercible, el cual se basa en las relaciones de poder existentes en la sociedad. La relación entre padres e hijos es de poder por haber tutela y dirección sobre los pupilos. Las normas escritas son una formalización de dichas relaciones.Ante estos nuevos datos que salen a la luz, no es necesario generar un nuevo concepto de derecho, que supere la anterior definición, pues aquel sistema de relaciones de poder, que existen en la sociedad, son a fin de cuentas la materia prima del derecho, pero no el derecho. La técnica de control social, que llamásemos derecho, será el derecho del Estado. Tal derecho no puede existir si no hay un órgano que monopolice el uso de la fuerza e ilegalice la violencia particular. Es ese Estado, la condición para distinguir entre lo público y lo privado, entre lo legal y lo ilegal. El Estado está por sobre lo público y lo privado, pues gracias a él y su derecho, reconocemos tal distinción. Si tal Estado no existiera, las normas no tienen una garantía formal, pero las relaciones de poder continuarían, pues la fuerza particular se mantiene. Imaginemos un territorio donde habite una tribu aborigen. El control de las armas, en tales sociedades, es tarea de la comunidad, la cual no obedece ni reconoce ningún aparato externo de coacción como es el Estado. En tal caso, hay derecho, pues si bien hace falta el aparato de fuerza que garantice y objetivice sus normas, es la misma comunidad armada, la que actúa como un Estado, y ese derecho, es el que resulta de las relaciones de poder entre los integrantes del grupo. El Estado es la cristalización del poder en un aparato de fuerza centralizado. Cuando no hay Estado, sigue existiendo poder, pero tal poder está diluido, no concentrado. Entonces, el derecho normado y coercible, el derecho como tal, es estatal por necesidad.Respecto al ius naturalismo, es decir, aquella doctrina que señala como condición ontológica del derecho (para que sea realmente derecho) el ajustarse a criterios supuestamente objetivos de justicia. Si existe un orden normativo que dirige conductas humanas que no se ajusta a tales criterios, no es derecho propiamente tal. Nosotros criticamos tal posición, pues confunde objetividad con legitimidad. La objetividad refiere a la condición de ser del derecho, como ordenamiento de la conducta humana que proviene del estado y que amparándose en éste, dirige los actos humanos de manera que estos se ajusten al régimen de organización social imperante. La objetividad sería el status ontológico del derecho en cuanto a existencia real de éste, y reconocimiento por parte de los sujetos normados por tal ordenamiento, reconocimiento que repito nuevamente, no alude a una aceptación, sino a asumir que tal derecho obliga. La legitimidad implica la aceptación del derecho en el campo de la moral. Si un derecho es oneroso para gran parte de la población, este corre el riesgo de ser destruido, aunque no suele ser fundamento de su existencia objetiva. La legitimidad es mas bien una condición de la objetividad, mas no fundamento de ésta.Respecto al positivismo normativista, cuyo máximo exponente es Hans Kelsen, criticamos sus postulados al confundir validez con objetividad. La validez seria para un positivista normativista, la condición ontológica del derecho, que aludirla al origen formal de tal derecho. Así, el derecho formulado siguiendo y observando las normas anteriores, por parte de sus productores, es el derecho propiamente tal. Las normas fundantes prescribirían respecto a las fundadas un triple registro de datos, el cual anteriormente señalamos. Está claro que derecho válido es derecho formulado y producido siguiendo los procedimientos establecidos en las normas superiores, pero hay normas que si quiera están respaldadas por una norma fundante. De hecho, hay normas objetivas de derecho positivo que son dictadas por gobiernos que se imponen no siguiendo los procedimientos normativos establecidos para el “legítimo” acceso al poder político. La validez solo es lo que dice ser, validez normativa, ajuste a la legalidad hasta ahora existente, que implicaría la continuidad de los procedimientos para la generación normativa, pero nada más. En cambio, la objetividad no alude ni al ajuste moral o ni normogénico del derecho, sino a su existencia, la cual coincidiría con su obligatoriedad. Una norma de derecho puede ser objetiva, pero ni válida ni legítima. Ello es derecho en cuanto responde al concepto dado anteriormente, de ordenamiento de la conducta humana que persigue que los actos de los hombres se ajusten al régimen de organización social imperante, sin importar que éste se ajuste a los mandatos absolutos y universales del derecho natural, sin importar que estas prescripciones sean emanadas del órgano, sigan el procedimiento o respeten límites de contenido que estén consignadas en la norma fundante.

EL ESTADO (apuntes preliminares para un ensayo definitivo)

Primero, debemos dar una definición mínima de lo que es Estado, para posteriormente verificar su status ontológico, es decir, su naturaleza. El Estado es en primer lugar, la organización de la fuerza de los grupos hegemónicos, es decir, dominantes, dentro de la sociedad. Antonio Gramsci, asumía que la distinción entre lo público y lo privado es una distinción propia del derecho burgués, y es válida en los dominios en los cuales el derecho burgués ejerce su poder. En cuanto existe tal derecho, hay distinción entre lo público y lo privado, la cual deriva del derecho real romano, entre las cosas comerciables (res in commercio), que podían ser objeto de relaciones patrimoniales, esto es, entrar en el tráfico legal de bienes y servicios y las cosas incomerciables (res extra commercium), que están vedadas para cualquier tipo de actividad patrimonial.
Tal como anteriormente indicábamos, existe dentro de la sociedad el poder como un tipo especial de relación humana caracterizada por la dirección de los comportamientos de los otros y que no consiste en mera fuerza, y escarmiento, sino que también en una dirección cultural de sus miembros, en pos de la consecución de determinados fines. Cuando tal hegemonía (dirección cultural y por ende conductual) se traduce en monopolio de la fuerza, tenemos al Estado. Pero no solo es el gobierno, entendido como institución, el único ente que ejerce dicha dirección, así como tampoco éste se sostiene por sí solo. La sociedad civil, es decir, las diversas relaciones sociales entre particulares, es la base sobre la cual se establece un régimen político. En otras palabras, existe un ejercito no para defender al Estado de por sí, lo cual niega cualquier posibilidad de autarquía política del Estado, sino que existe para defender ciertas prácticas, situaciones, relaciones y posiciones que se desenvuelven en la sociedad civil. Es una herramienta, es decir, un medio, que está al servicio de ciertos grupos con influencia dentro de la sociedad. El Estado será un instrumento que se atribuye el monopolio de la fuerza y tal fuerza o coerción, estará al servicio de los grupos sociales dominantes. El Estado no es neutral, no es un arbitrio de los intereses existentes en la sociedad, sino en cambio, una entidad al servicio de grupos reales, que concretizan su dominio por medio de la hegemonía en la superestructura política, jurídica e ideológica.
El Estado está en el mundo, no es una entidad que se halle en la dimensión de-óntica, sino en cambio, en la del ser. Su material, es básicamente humano, burocracia, autoridades, ejército, policía, legisladores y jueces. Sin embargo, es perentorio que tales personas actúen en el ejercicio de sus funciones de manera estandarizada, es decir, con usos objetivados, reconocidos socialmente como propios del actuar estatal. Si tales conductas no fueran estandarizadas, no sería posible la dirección política de la sociedad de manera organizada, transformando al Estado en una banda de hombres en constante conquista, en otras palabras, la institucionalización no sería más que una quimera, sin actos predecibles y normados. E aquí que el derecho cumple una función fundamental en la estandarización de los actos estatales, y por consiguiente, le otorga perpetuidad en el tiempo a las órdenes de la autoridad.
Hugo Herrera, profesor de Teoría política en la facultad de Derecho y ciencias sociales, de la universidad de Valparaíso, Chile, considera que al menos el Estado puede distinguirse de otro tipo de organizaciones humanas dotadas de fuerza, por su fin, el cual en pocas palabras, sería el bien común. El buscar el bien de sus miembros, está determinado por el apoyo a las entidades intermedias de la sociedad, como la iglesia, la familia y escuelas, reforzando la tesis del Estado subsidiario, impulsado por los ideólogos del régimen, entre ellos Jaime Guzmán. Tal bien, consiste en el despliegue de las capacidades humanas por medio de la protección de las instituciones intermedias, y para ello, se hace perentorio generar un sistema que “administre la fuerza”, de manera que se garantice un ámbito pacífico donde se supere la problematicidad tan típica, según Herrera, del ser humano, es decir, la posibilidad de que éste actúe con violencia a partir de argumentos o razones.
Tal noción es criticable por muchas razones. En primer lugar, el despliegue de lo humano, está condicionado por el régimen cultural imperante, por el sistema de clases y por las condiciones materiales que tal sociedad pueda ofrecer a todos sus miembros. Si yo intuía que mi despliegue en la edad media, no era Dios, sino la ciencia, el señor, el rey o el papa me quemaba vivo en la hoguera. ¿Acaso el investigar mas allá de lo que señalaba el clero como fuente autorizada, no es despliegue? El esclavo en la antigua roma, podía aspirar apenas a un despliegue precario, dada su condición jurídica de cosa. En una sociedad primitiva, las condiciones de despliegue están dificultadas por la imposibilidad de aumentar artificialmente la capacidad de producción. Esta constante se ve en toda la historia, basta investigar solo un poco para dar con el error de Herrera.
Por otra parte, se utiliza un criterio errado, pues aquel fin supuesto del Estado, el bien común, no se ha realizado históricamente aún. En cambio, Herrera soslaya el elemento que sí ha permanecido en la superestructura política, el control conductual de las personas sujetas a aquel régimen. Ningún Estado puede abolir todo su aparato de fuerza y persuasión, pues en tal caso, desaparece como Estado, se transforma en una asociación más, sin la jerarquía necesaria que requiere el aparato para hacer respetar su derecho.
Otra censura a la teoría del Estado de Herrera, es el concepto de problematicidad, el cual implica una potencial agresividad incluso generada por argumentos y razones. Tal concepto implica una peligrosidad del hombre respecto al hombre, una tensión siempre latente hacia el conflicto y el uso de la fuerza particular. Si bien tal realidad (de que el hombre es potencialmente agresivo) es correcta, Herrera cae en el error de justificar la existencia y la conservación del Estado a parir del concepto de problematicidad. Su planteamiento, asume que buscamos la paz, cosa totalmente comprensible, pero que para superar el posible conflicto, nos sometemos a otros seres humanos, igualmente peligrosos, igualmente problemáticos, los cuales concentran a su haber el monopolio de la fuerza. El ser peligroso escapa del peligro de los otros seres peligrosos, amparándose bajo el alero de otros seres igualmente peligrosos.
Ahora que hemos desvelado en algo el problema del Estado, estamos en condiciones de formular una nueva definición. Estado será aquella organización del poder que busca generar conductas en el colectivo concordantes con el régimen de organización social, y que para cuya consecución, utiliza la dirección y mando del Estado (gobierno) a un aparato de fuerza centralizado (policía, ejército, tribunales) y a una serie de aparatos ideológicos (escuelas, religión, bellas artes, etc) que no son necesariamente de propiedad estatal, pero que actúan con el fin de generar las anteriormente señaladas conductas. El status ontológico del Estado, no radica ni en el uso de la fuerza (banda de ladrones), ni en el bien común (no se ha realizado siempre), sino que en su capacidad de dirección cultural de la sociedad, y en consecuencia, de los comportamientos humanos. Para que tal dirección sea efectiva, está el aparato de fuerza, pero éste no es siempre utilizado, sino que generalmente se actúa por medio de la persuasión, por medio de los aparatos ideológicos del Estado.
Como veremos mas adelante, tanto el derecho como el Estado son aparatos conductuales, con la diferencia de que el derecho es producción de éste último. Es un producto que se auxilia en el poder de su generador. Es un medio que utiliza el Estado para hacer más efectivo aún el dominio y la hegemonía que por medio de éste último, impone la clase dominante.